El pasado jueves 15 de enero de 2026, el Palau de la Música Catalana no solo
acogió un concierto, sino un ejercicio de nostalgia colectiva perfecta y elegantemente
ejecutado. Bajo el nombre de la gira DD40, Mikel Erentxun celebró las cuatro décadas
de Duncan Dhu en el marco del festival Guitar Bcn 26.
A las 21:00h, con un Palau a rebosar de caras maduras y no tanto, pero con la misma
ilusión, Mikel Erentxun apareció en escena. Venía a reivindicar el cancionero que
definió el pop español de los 80 y 90. Cancionero que muchos de allí, habíamos
bailado en el salón de nuestra casa y algunas de ellas, llorado en la soledad de
nuestra habitación, si nos habían roto el corazoncito.
A falta de Diego Vasallo al que Mikel hacía referencia constantemente, el venezolano
de nacimiento afincado en Donosti desde niño, se rodeó de una banda que supo
«modernizar» el sonido sin traicionar la esencia. El escenario del Palau, con su
decoración modernista, aportó una solemnidad que hizo que temas como «Rozando
la eternidad» sonaran más espirituales que nunca.
Empezó rescatando la energía del rockabilly temprano con temas como «Casablanca»
y el ritmo trotón de «Jardín de rosas».
Fue el momento de las grandes baladas. «Esos ojos negros» provocó el primer gran
coro unísono del Palau, demostrando que la acústica del recinto y la voz de Mikel (que
sigue en un estado de forma envidiable) son una combinación ganadora.
Sonaron joyas como «A tientas» y «La casa azul», donde los arreglos se volvieron
más elegantes y sofisticados.
El último tercio fue un bombardeo de himnos. Mikel, visiblemente emocionado por la
respuesta de Barcelona, encadenó, todos ellos con arreglos elegantes y sofisticados.
«Una calle de París» donde el Palau finalmente todos arrancamos y nos pusimos en
pie y ya no nos sentamos hasta que acabó el concierto. «Cien gaviotas» lo cantamos
a pulmón, nos unimos en una hermandad como si estuviéramos todos en el mismo
salón de la misma casa y viviendo el mismo momento. Antes de los bises nos regaló
«En algún lugar» con un Mikel entregado, en una forma envidiable, recordó que esa
canción ya no le pertenece a él, sino a la historia, nuestra historia.
Yolanda Del Moral
