Enric Montefusco

Las buenas historias comienzan con un “Érase una vez”, una construcción muy utilizada en la literatura clásica y que precede a algo que, según el narrador nos va a entusiasmar (y generalmente lo consigue). En este caso, no empezaremos exactamente así, pero trataré de, si no entusiasmaros, de transmitir con mis palabras lo que tengo que contaros.

El que redacta estas líneas es Gabriel Horcajada, fotógrafo de profesión, realizando su primera crónica. No solo para Algo suena en mi nube, sino que también es la primera crónica que escribo sobre un concierto. O sobre cualquier cosa, ya puestos. Pero he pensado que no tendría ningún problema si de lo que trata la crónica es la de transmitir en mis propias palabras lo que vi durante un concierto, además de fotografiarlo. Concretamente en el de Enric Montefusco, en el Poble Espanyol, dentro del marco del festival Cruïlla XXS.

Cabe decir que es un concierto especial, como todos los que se han venido realizando en las últimas semanas. Y especial no solo por la situación en la que estamos, sino porque es histórico lo que ha tenido que hacer la cultura musical para sobrevivir. El que fuera líder de la banda Standstill, inició su recital con “Todo Para Todos” no sin antes agradecer a todo el público su asistencia a pesar de las circunstancias acaecidas, y valorando el esfuerzo de la organización por organizar el calendario de actuaciones teniendo la incerteza como copiloto.

Después siguió con “Quien Abre Camino”, primer tema de su último disco, titulado Diagonal (2019), y que desde principio a final desgarra con su melodía in crescendo y virtuoso ritmo con tintes flamencos con zapateo sobre el escenario, acompañado de unas letras que hablan de las dificultades del trabajo creativo en un mundo en el que, como cita el tema, no da consuelo.

“Flauta Man” es la tercera presentación del espectáculo, haciendo referencia a esos años en los que en la escuela se nos enseñaba a tocar el instrumento por excelencia, la flauta. Según Montefusco, “la música es más de lo que nos enseñaron en la escuela”, y con “Flauta Man” da las gracias a todo lo que aprendió de aquellos años, pero también tiene su vis crítica por todo lo que se tiene que pasar hasta llegar a día de hoy. Nostalgia y melancolía a partes iguales.

El ejercicio retrospectivo de “Flauta Man”, que habla en tono nostálgico de todo lo que marcó nuestra infancia a muchos y muchas de nosotros/as, parece que hacía la entradilla a la siguiente canción. “Hermosa España” habla de nuestra cultura más arraigada y de lo más patrio que podríamos tener como las playas, las verbenas y las fiestas. Montefusco hace una crítica maliciosa de un país que parece que muestra pero que no ofrece.

Para hacer entender aún más el contexto, Montefusco paró la canción cuando se estaba iniciando, al tiempo que la gente aplaudía el paréntesis. Dado lo familiar de los directos acústicos que estamos viviendo, se hace agradable que el show quede personalizado de esta manera, con cercanía y conexión hacia el público.

Si en la anterior se hablaba de España, ahora le tocaba el turno a Europa con su “Himno de Europa”. Enric Montefusco habla de la injusticia y la sinrazón ante una problemática tan conocida como la del refugiado o la del inmigrante. Montefusco habla de lo pequeños que se quedan nuestros problemas cuando los comparamos a una realidad que sucede cada día. En su propias palabras, deja clara la paradójica realidad: “el dinero es el que manda y el resto no importa”, una afirmación que ayuda a Montefusco a componer según el estilo al que nos tiene acostumbrados. 

El concierto sigue con “¿Por Qué Me Llamas A Estas Horas?“, un tema de su anterior banda Standstill y que, según él, es una canción paradigmática. La banda pasaba por problemas, considerando que no podían continuar haciendo música; pero Montefusco explica que aún tenía fe en que quería seguir viviendo de lo que le gustaba, pero preguntándose si quería seguir porque quería hablar de cosas que nos afectan a todos o quizá seguir por la fama, “por que me gusta que me aplaudan”. Con estas preguntas sobre la mesa, Enric encontró la motivación para seguir creando hasta día de hoy.

Tal era la efusividad con la que tocaba la guitarra “su canción más tocada en directo” que a mitad del tema se le rompe una cuerda. Pero Enric es Enric y sabe seguir tocando sin que afecte demasiado al sonido. ¿Acaso alguien lo notó?

Meridiana”, el primer tema de su segundo disco en solitario, Meridiana (2016), era el escogido para representar una escena que nos gusta a todos. Con un ritmo tranquilizador y enigmático nos sucumbía con sus rasgadas a la guitarra cada vez más potentes a medida que avanzaba por la canción, y haciendo mención a su hermano, que estaba entre el público, haciéndole partícipe de sus recuerdos de infancia en un barrio en el que crecería hasta ser el que es hoy.

Seguimos con “Adelante, Bonaparte (I)”, conocido tema de Standstill. El público acompaña con sus palmas, haciendo que el escenario, a pesar de ser Montefusco el único que está sobre él, se llene con la participación de todos; para continuar con la que sería, según él, la última canción de la noche, recibiendo así el esperado lamento de un público más que entregado.

Enric habla de esa situación extraña en la que entramos en un bar en el que nos encontramos a mucha gente que no conocemos ni sabemos de dónde vienen ni la vida que han tenido, pero con la que, seguramente, tenemos cosas en común por el hecho de estar en el mismo lugar. Suenan las primeras notas de su “Obra Maestra”, igual o más contundentes que las de los anteriores temas (quizá por el hecho de que la última canción siempre es la catarsis de una noche que nos queremos llevar al recuerdo), y el público finaliza el tema con ensordecedores aplausos hacia el artista, que se levanta para despedirse del público y marcharse

Pero qué sería de un concierto de verano, a la fresca, con buena compañía y una espléndida organización por parte de Cruïlla, si no nos deleitaran con un bis casi inesperado. Esa última canción para acabar la noche con un buen regusto. Y para nuestro deleite, nuestro artista decide volver a tocar el primer tema de la noche, su bien conocido ya “Todo Para Todos”, no sin antes reflexionar sobre el fondo de la canción: “el juego de buscar qué cosas son realmente importantes y cuáles secundarias; qué cosas nos unen a todos y qué cosas se nos han prometido y no tenemos”. Según Montefusco, nos une más la carencia común que aquello que todo tenemos, y de eso trata “Todo Para Todos”.

También reflexiona sobre le hecho de que cuando toca este o cualquier tema al principio y al final de un concierto, el tema suena diferente, de otra manera. Y quizá es lo que he mencionado antes: la catarsis de la noche. Esta vez sí que era la última canción del espectáculo, y suena a un concierto que, a pesar del disfrute, en algún momento tiene que llegar a su fin. Y Montefusco acaba entre aplausos y la ovación del público, agradeciendo su asistencia en condiciones adversas, y también valora el gran esfuerzo que festivales como Cruïlla tiene que hacer para seguir manteniendo una oferta cultural de calidad y, también importante, con cero riesgos. A pesar de que las grandes esferas hagan oídos sordos.

Resistiremos.

Puedes escuchar a Enric Montefusco aquí